Decisiones

Foto: Raul Garcia

El pasado 18 de enero, los 8 integrantes del grupo de los 75 que aún permanecemos como rehenes del régimen totalitario cubano, cumplimos 7 años y 10 meses de haber sido secuestrados por la policía política comunista. Dos días después, alrededor de las 7 p.m me condujeron a la oficina del director de la prisión de Canaleta donde estoy confinado. Allí estaban él y una joven y hermosa psicóloga del Ministerio del Interior. Ambos intentaron hacerme entender que dada mi edad y mi estado de salud lo mejor para mí sería partir al exilio.

Casualmente, días atrás una doctora clínica me hizo un reconocimiento médico y me informó que tengo el hígado inflamado por lo que no puedo hacer ayunos.Yo riposté que de mi patria no quiero irme, pues aquí nací y aquí quiero morir y ser enterrado. En un momento del intercambio de criterios, el jefe de la prisión me dijo que me había mandado a buscar para que hablara por teléfono con el Cardenal Jaime Ortega, pues el también arzobispo de La Habana iba a comunicarse conmigo. Acoté que no tenía nada que hablar con su Eminencia, ya que el 10 de julio del año pasado le manifesté a él –a través de la línea telefónica- que de mi patria no me iría.

La psicóloga me planteó que las personas cambian de opiniones y de decisiones a lo cual le confirmé que sí, que ella tenía razón puesto que en el año 1961 con sólo 13 años de edad yo me había ido a alfabetizar con la brigada Conrado Benítez, era también miliciano pues me había alistado en las filas militares con más edad de la que tenía realmente, pertenecía a la Asociación de jóvenes rebeldes y me consideraba todo un revolucionario de “Patria o Muerte”. Hoy, sin embargo, soy un anticomunista y anticastrista convencido y comprometido con la honrosa lucha civilista para alcanzar la tan añorada transición democrática.

La hermosa profesional me enfatizó en que justamente la oportunidad que yo estaba rechazando haría a muchas otras personas llorar por tenerla, a los cual le indiqué que yo en realidad lloraría si me desterraran de la mayor de las Antillas. En fin, le comuniqué al jefe de Canaleta que me iba para el destacamento donde me mantienen confinado y si el Cardenal Ortega llamaba que le dijeran de parte mía que “de mi patria no me quiero ir”. Decisión que he tomado con tiempo y a consciencia desde el año 1993 en que me involucre en un intento de salida ilegal del país por La Habana y comprendí en medio de sus preparativos que mi destino era quedarme a luchar pacíficamente por el respeto a los derechos y libertades inherentes a la dignidad de la persona humana. Decisión que mantendré hasta las últimas consecuencias porque mi alternativa de vida ha sido y es la de continuar siempre hacia adelante y cumplir con la máxima martiana de “el deber de un hombre está ahí donde es más útil”. Amén

Pedro Argüelles Morán
Prisionero de conciencia
Prisión provincial de Canaleta

1 comentario

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