Crónica de una cárcel Cubana

Galera 43, explotó y, en reciclaje, dijo un preso común al colectivo. Del carajo trabajar con carne y no poder comerse un bistec, ripostó Charón al portador de la mala noticia. Aunque no lo parezca los reos se solidarizan unos a otros siempre que ocurre una adversidad a los privados de libertad. Esta crónica puede parecer graciosa pero la realidad es otra.

Las autoridades de los establecimientos penitenciarios determinaron a principios de este año seleccionar una buena cantidad de internos para trabajar en la fábrica aledaña a la prisión provincial de Canaletas en Ciego de Ávila. Todo indica que ante la inminente visita de alto rango a nivel nacional, es posible que de alguna esfera global, especialmente de la Organización de las Naciones Unidas, se disfrace la cruel realidad de este centro penitenciario. En la citada fábrica se elaboran en diversas especialidades sobresaliendo carpintería, bloques, jarros plásticos y reciclaje de ropa.

En otras ocasiones he escrito sobre las anomalías en el salario de los reclusos aunque hoy me refiero a quienes trabajan en reciclaje y según ellos hay quien ha recibido 300 pesos en moneda nacional, 12 CUC al mes. En todo este tiempo los hombres que laboran en reciclaje han sido descubiertos al sacar ropas de marcas conocidas después de ser los privados de libertad sorprendidos in fraganti son expulsados de sus puestos. El preso es preso.

En más de una ocasión he oído anécdotas sobre reciclaje. Trabajadores civiles y algún que otro militar pueden robar por la izquierda. Los sorprenden y todo quedó en casa. Ahí radica el quid del problema. No creo que sea difícil vender a los reos algunas de las prendas que ellos mismos seleccionan para después venderse en tiendas recaudadoras de divisas. El cautivo debe ser incentivado y comprar con el modesto salario que reciben indumentarias que pasan una y otra vez por sus manos. Es difícil, muy difícil, trabajar en la mierda y no embarrarse, manifestó uno.

Aunque reciclaje no es el único lugar donde suceden estas situaciones el caso más lamentable ocurrió el 14 de junio último cuando Henry Veitía Valdivia perdió una de sus piernas en la bloquera al sufrir un severo accidente en la concretera mecánica causado por las escasas medidas de seguridad en el local. Este joven estuvo varios días entre la vida y la muerte y se desconoce su actual situación de salud. Nada, la canción de Rubén Blades lo dice clarito, clarito. “Con el salario que a mí me pagan no voy a arriesgar la vida que Dios me diera”.

Pablo Pacheco, Prisionero de conciencia

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