Mi Confianza

Las conversaciones entre el Cardenal Jaime Ortega y el presidente de la república Raúl Castro, han comenzado a brindar los primeros frutos. Es posible que este criterio muy particular desate sobre mí una cacería de brujas dentro y fuera de la Isla. En honor a la verdad esto no es un motivo para quitarme el sueño. Tampoco lo son los veinte años de privación de libertad que me impuso un tribunal de Ciego de Ávila precisamente el día de mi cumpleaños 33, y que no lograron trastocar mi buen dormir. Incluso desde acá adentro sigo escribiendo las barbaridades que se cometen en cada una de las celdas de este penal, tratando de reflejar siempre lo que me dicta mi conciencia. Con este tema de las negociaciones entre la iglesia y el estado cubano no haré una excepción.

Según fuentes dignas de confianza las autoridades le aseguraron a la Iglesia católica cubana que pondrían fin de los terribles actos de repudio. Esas muestras de intolerancia que no tienen cabida en el mundo civilizado de hoy y que levantaron la repulsa nacional e internacional al ejercerse sobre las valientes y pacíficas Damas de Blanco. Así mismo se informó a la prensa del acercamiento hacia sus provincias de origen a los presos políticos y de conciencia, que desafortunadamente el odio y el autoritarismo ha mantenido –desde hace 7 años y 3 meses- desterrados lejos de sus casas para castigar a sus familiares. La lejanía de los suyos se ha convertido también en una herramienta de presión sobre estos hombres para tratar de doblegarles, infructuosamente, su dignidad además de intentar romper con esto la estabilidad de sus familias.

El primero de junio seis presos de la causa de los 75 fueron trasladados hacia sus provincias de residencia, a cárceles de mayor o menor severidad. Me alegro por el traslado de algunos de estos colegas de causa, aunque también sé que estamos transitando por un camino muy delicado en el que cualquier tropiezo puede conspirar contra los resultados. Le doy toda mi confianza a la iglesia católica cubana. Sería bueno que otras asociaciones de nuestra sociedad, sigan el ejemplo de esta milenaria institución.

No puedo terminar sin hacer un énfasis en los presos de conciencia que están en peor estado de salud y que han adquirido como mínimo una enfermedad en cautiverio. Soy de los que piensa que la libertad de ellos debe ser incondicional para todo el grupo de la 75 que queda en prisión, pues la cárcel para nosotros no sólo ha sido injusta sino que sólo ha servido para consolidar nuestros principios políticos. Hemos aprendido a ser mucho más humanos entre estas rejas.

Pablo Pacheco Avila

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