Atentados en Rusia

Sin recuperarse aun del primer atentado terrorista, Rusia vuelve a ser sacudida por el extremismo desesperado de quienes piensan aun  que la solución de los problemas de una nación, una etnia o raza deben solucionarse de la manera más dramática y drástica que puede existir en los tiempos que corren. Una vez más el flagelo del terrorismo demuestra que sus objetivos no tienen rostro definido. Tengo por convicción que el terrorismo en cualquiera de sus manifestaciones es un ataque directo o indirecto a la buena voluntad de los pueblos.

Si un gobierno determinado es responsable de la desgracia y la inestabilidad de las naciones fuera  de sus fronteras no es ni remotamente justificación para apelar al terror desmedido. Uno lee las declaraciones del primer ministro y ex presidente de Rusia, Vladimir Putin. No dejo de reconocer la capacidad de este hombre que se convirtió prácticamente de la noche a la mañana de Jefe de los servicios de inteligencia más represores e implacables del siglo pasado  a uno de los principales pilares de la democracia en el país europeo. Putin tilda de “pandilleros” a los responsables del abominable suceso, me parece que este político ha sido demasiado cortés con estos fanáticos suicidas y que a mi parecer odian a la raza humana y no merecen la condición de humanos. Admito sabiduría en Putin, pero Dimitri Medvedev resulta un soñador.

 Su inconsciencia asusta a los aliados ¿Cómo puede pensar este político que para erradicar el terrorismo y el extremismo es necesario trabajar con la gente en el Cáucaso del Norte? ¿Cómo se puede ser tan iluso? Aclaro, considero a Medvedev un excelente líder, aunque pensar sobre el flagelo del terrorismo es obligatorio hacer mención a otras dimensiones de nuestro planeta.

 Repito, no existe terrorismo de izquierda o de derechas, simplemente nos atañe a todas las personas. Confío con absoluta responsabilidad que el terrorismo, tarde o temprano, claudicará por su naturaleza y por la firmeza de los pueblos en el afán de vivir en paz y concordia como merecemos por voluntad de Dios. Sin embargo hoy, precisamente hoy vuelvo a llorar por los muertos del hermano pueblo ruso. Sabrán reponerse como lo han hecho en su  y rica y envidiable historia.

Pablo Pacheco, prisionero de concencia de la Primavera Negra 2003, Canaletas Ciego de Avila

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