Ceballito cuenta su historia

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Imagen: Chagal
La vida, sin proponérselo, nos da sorpresa e involucra historias lejos del alcance de nuestra imaginación. Pero como seres humanos que somos aprovechamos el don que Dios nos propició, a diferencia del reino animal. Entonces si miramos la situación de pronto nos ponemos en guardia.

Es una historia real y no creo que se diferencie mucho de las de mis hermanos del grupo de los 75 que un día viendo la vida pasar, felices junto a nuestros seres queridos, que ni soñado en la más terrible pesadilla, nos imaginamos sancionados a largas condenas por un delito tan peculiar, que ni siquiera existe en países civilizados.

A cientos de kilómetros de distancia de nuestros hogares, en celdas de castigos, reducidos a la mínima expresión como ser humano. En estos 6 largos años y 3 meses he visto casi de todo. Desde el primer momento cuando llegué de madrugada a una distante y oscura celda de la tenebrosa prisión de Agüica, en Matanzas, la llamada Atenas de Cuba, me prometí escribir todos los detalles del mundo presidiario, algo que se conoce poco en mi país.

Debido a la férrea censura impuesta por el oficialista partido comunista la historia que les cuento es triste, angustiosa, muy fácil de adaptar a los filmes del cine hollywoodense. Repleta de violencia, lenguaje de adultos y prohibida a menores de 21 años.

En Ciego de Ávila nació Yosvany Ceballo Oliva, según él, prefirió morir en el momento en que el ginecólogo le daba las palmaditas en la nalga. Ceballito, como le llaman, vino al mundo un 21 de abril de 1980. El mismo año del éxodo masivo por el puerto del Mariel, en La Habana.

Muy pronto se desvinculó del mundo real. Con apenas 7 años, su madre se prendió candela y su padre siempre fue un extraño que jamás se ocupo de él. Quedo huérfano. Se vio solo y desamparado a merced de la delincuencia juvenil. Su abuela poco podía hacer.

Cuando cumplió los diez años ingresó en una violenta escuela de conducta en la provincia de Ciego de Ávila. Fue peor la cura que la enfermedad. Allí se adentró en el seno real del delito. Una tarde fría de febrero, ansioso por fumar y beber ron, decidió penetrar por el techo de una bodega de víveres en su barrio.

Ya dentro, con parsimonia abrió una botella de ron Palma y una caja de cigarro Popular. Cuenta Ceballito que enseguida sintió el efecto del alcohol, tomó un saco cualquiera y metió en él un par de botellas de licor y varias cajetillas de cigarrillos, calditos de pollo, sazonadores, paquetes de galletas y algo de azúcar.

Llego a su casa y a espalda de su abuela escondió lo robado. Por este delito de robo con fuerza y receptación, que de propina se lo inventó la policía para que la sanción fuera más severa, fue condenado a 6 años. Ingresó a la cárcel de Canaleta con apenas 16 años. En plena inmadurez juvenil, ya no ha salido más en libertad.

Estando trabajando en una granja se fugó por 8 horas y se entregó por consideración a su abuela, quizás la única persona que ama en la vida. Por esa efímera ausencia fue sancionado a un año y seis meses extra de cautiverio. Cuenta Ceballito, con voz temblorosa y movimientos espasmódicos, como si tuviese el Mal del Parkinson, que lleva años sin ver a su hija, la cual tuvo siendo apenas un adolescente.

Se siente cansado y en deuda con su abuela. Toma sicofármacos en exceso. Se ha convertido en un adicto más, un guiñapo humano de los tantos que abunda en los centros penitenciarios de la isla. Además  es asmático crónico.

Me dice que María, su abuelita, pidió al tribunal de Ciego de Ávila una revisión de causa, pero le han dicho que su nieto está bien sancionado. Ambos se habían ilusionado con el traspaso de poder de Fidel Castro a su hermano Raúl, pensando que el General seria más benévolo con los cubanos.

Todo resultó una utopía. Ceballito termina su historia contando que siendo menor lanzó un pote de gofio a un funcionario de orden interior por travesura y al ver que el asunto se complicó, decidió auto agredirse.

Era preferible una transfusión de sangre, que una soberana golpiza por parte de los guardias de la prisión. Esta acción despiadada contra su cuerpo, la ha repetido una y otra vez. Me enseña las enormes cicatrices en toda su anatomía, son más de una veintena.

Es diabólico el drama. Al extremo de ser un día amarrado toda una noche en la famosa silla de castigo, ubicada en la zona de aislamiento del penal. Según aclaran otros reos esta “genialidad” fue obra del hoy director de la cárcel, Mayor Ricardo Díaz Pérez, jefe de reeducación en aquel entonces de Canaleta. Ceballito, ansía con desespero que le otorguen la libertad condicional y salir al mundo real, del que ha estado ausente por más de una década. Dice que piensa trabajar donde sea para ayudar a su abuela y entregar todo el amor perdido a su hija.

Ceballito, mira detenidamente el horizonte tras los gruesos barrotes, cae la noche en la campiña avileña y agrega que de tener una posibilidad se marcharía para los E.U, y así poder mandarle dólares a su abuela e hija que apenas conoce.
Pablo Pacheco. Prisión de Canaleta.

6 comentarios

  1. Me ha conmovido la historia de Ceballito. Lo han convertido en carne de prisión, sin más opciones. Esta justicia vengativa que os aplican, tiene que ser sustituida, nada más acabe la pesadilla de los Castros.

    Te animo, Pablo, a que sigas contándonos historias desde tu encierro. Te lo agradecemos profundamente. Un saludo, Sonia

  2. Es horrible como acaban con las personas desde que nacen.

  3. Que historia tan horrible y conmovedora… y cuantas mas habran! Siguenos contando que nosotros seguimos leyendo aun cuando no escribamos un comentario.

  4. HAY TANTO DOLOR EN ESTE MUNDO ,HERMANO.Pero gracias por escribirlo para los que vengan despues.

  5. No cabe dudas de que este personaje es una víctima de la sociedad y de él mismo. Su historia no deja de ser conmovedora y la del castigo que le impone el director de la prisión es aún más indignante.
    Ahora, lo peor es el drama que le impones a la historia. Es pésimo y de mal gusto como manipulas la historia, igual que la tragedia que se reflejan en todas tus historias.

  6. grasias xdarnos un poquito de tu vida y ojala en ora buena pronto tengas tu libertad


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